{"id":6745,"date":"2024-10-22T09:31:52","date_gmt":"2024-10-22T15:31:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/?p=6745"},"modified":"2024-10-22T09:52:51","modified_gmt":"2024-10-22T15:52:51","slug":"de-la-conmocion-al-adolescer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/2024\/10\/22\/de-la-conmocion-al-adolescer\/","title":{"rendered":"DE LA CONMOCION AL ADOLESCER"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"6745\" class=\"elementor elementor-6745\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-f5a3100 e-flex e-con-boxed e-con e-parent\" data-id=\"f5a3100\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"e-con-inner\">\n\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-5730d85 e-con-full e-flex e-con e-child\" data-id=\"5730d85\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-b449c54 elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"b449c54\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<h6><em style=\"color: #666666; font-size: 20px; font-weight: 400;\">A Rogelio\u00a0<\/em><\/h6>\n<h6><em style=\"color: #666666; font-size: 20px; font-weight: 400;\">en cuyos pasos de futuro,<\/em><\/h6>\n<h6><em style=\"color: #666666; font-size: 20px; font-weight: 400;\">renace su nueva piel\u00a0<\/em><\/h6>\n<h6><em style=\"color: #666666; font-size: 20px; font-weight: 400; text-align: center;\">de hombre<\/em><\/h6>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-6aed674 e-con-full e-flex e-con e-child\" data-id=\"6aed674\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-a223871 elementor-widget elementor-widget-wpzoom-elementor-addons-image-box\" data-id=\"a223871\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"wpzoom-elementor-addons-image-box.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t<div class=\"wpzoom-elementor-addons-image-box\">\n\t\t\t<h3>\n\t\t\t\t<a href=\"http:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/De-la-conmocion-al-adolescer-Inscribir-el-psicoanalisis-1996.pdf\" class=\"wpzoom-elementor-addons-image-box-link is-linked has-image\" style=\"background-image:url('https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/La-metafora-del-amor-Inscribir-el-psicoanalisis-1996-1.jpg');\"><span>Versi\u00f3n PDF<\/span><\/a>\t\t\t<\/h3>\n\t\t<\/div><!-- \/\/.wpzoom-elementor-addons-image-box -->\n\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-4dc09144 e-flex e-con-boxed e-con e-parent\" data-id=\"4dc09144\" data-element_type=\"container\" data-e-type=\"container\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"e-con-inner\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-7832d1aa elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"7832d1aa\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p><\/p>\n<div class=\"wp-block-media-text has-media-on-the-right is-stacked-on-mobile\" style=\"grid-template-columns: auto 22%;\">\n<div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p><\/p>\n<h6 class=\"is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\u00a0<\/h6>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para los psicoanalistas que vivimos la paradoja de ense\u00f1ar cl\u00ednica en una Escuela de Psicolog\u00eda, no nos queda m\u00e1s que dejarnos ense\u00f1ar por ella en su doble imposibilidad y aprender lo que nuestros ense\u00f1antes logran hacernos ignorar.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">He elegido el tema de la funci\u00f3n paterna y su articulaci\u00f3n con la adolescencia, como una forma de responder, desde una perspectiva psicoanal\u00edtica, a las preguntas que los adolescentes consultantes de la Cl\u00ednica de Atenci\u00f3n Integral del Adolescente, en el Hospital Calder\u00f3n Guardia, le plantean a los conmocionados estudiantes de psicolog\u00eda que las reciben.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de estos j\u00f3venes le dec\u00eda a una estudiante:<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\" style=\"text-align: left;\"><em>\u00abVengo porque tengo miedo de morir, estoy creciendo y temo el futuro.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><em>Me gustar\u00eda volver a nacer, corregirlo todo, hacer un mundo perfecto,<\/em><em>sin el llanto. Pero si a veces quiero morirme es s\u00f3lo para ver qui\u00e9n me<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><em>llora. Vengo para que Ud. me diga qu\u00e9 hacemos los humanos en la tierra.\u00bb<\/em><\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, a este joven y a mis ense\u00f1antes dedico este ensayo. Lacan nos anuncia la declinaci\u00f3n de \u00ablas imagos del padre\u00bb, lo que no habr\u00eda que entender como \u00abla ca\u00edda del padre\u00bb en la estructura simb\u00f3lica de un sujeto. Ca\u00edda de las imagos, de los ideales de la raz\u00f3n y del progreso, nos anuncian un tiempo incierto, sin horizontes fijos y con falsas promesas. En su final, el siglo transita, al igual que el sujeto adolescente, por este cono de sombra de la subjetividad. La ca\u00edda de los muros vislumbra nuevas b\u00fasquedas; pero tambi\u00e9n la sed inmensa de afincar nuevas ilusiones. Los sujetos adolescentes, segmento de mercado y grupo etario, son blanco predilecto de las estrategias consumistas de pretensiones globalizantes. Ante la diversidad textual de la cultura y sus metanarraciones, nos queda una lectura plural, parafraseando a Lyotard, nuestro tiempo no es solamente cr\u00edtico y de cr\u00edtica, sino tambi\u00e9n la intuici\u00f3n hermosa de que, en algo, nos es posible cambiarlo.\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esta inconsistencia, en la ruptura de paradigmas y ca\u00edda de los ideales, ah\u00ed donde el acontecimiento irrumpe con su fuerza creadora, entre sus grietas, vac\u00edos, silencios y contradicciones, quisiera situar, al sujeto adolescente. En ese tiempo de invenci\u00f3n, entre la conmoci\u00f3n y el adolescer.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las l\u00f3gicas tradicionales ya no explican sus desaf\u00edos, sus s\u00edntomas y sus esperanzas, la adolescencia nos convoca a nuevas discusiones. El modelo de la psicolog\u00eda evolutiva y su sujeto lineal nos leg\u00f3 una visi\u00f3n catastr\u00f3fica, la de un cataclismo entre dos per\u00edodos. Un tr\u00e1nsito turbulento y tormentoso hacia una madurez que, dif\u00edcilmente, hoy considerar\u00edamos ejemplar.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El psicoan\u00e1lisis parte de otra temporalidad y de otro sujeto. Una temporalidad l\u00f3gica y un sujeto sujetado a \u00ablo inconsciente\u00bb. La metamorfosis corporal, en la pubertad, es un segundo tiempo para resignificar \u00ablo infantil\u00bb reprimido, que retorna con el dolor descalzo de sus huellas y vac\u00edos, con los golpes de un adolescer sin garant\u00edas. Tiempo de nostalgias recogidas en el diario \u00edntimo, en ese diario vivir, que la escritura de los adolescentes recoge<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">al calor de la frazada, con la luz furtiva de un amanecer, con sospecha epist\u00e9mica de que su tiempo es el de la relaci\u00f3n \u00abcon aquello que, siendo de suyo inasimilable, absolutamente otro, no se dejar\u00eda comprender &#8230; \u00bb y que, como dice Levinas, la eternidad no existe y tampoco \u00abhay un sujeto que la asuma\u00bb. El presente es entonces, este inevitable retorno.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Momento de metamorfosis, encarnaci\u00f3n de formas voluptuosas, l\u00edquidos y olores, presentificados por un real del cuerpo, un cisma imaginario cuyo tr\u00e1nsito convoca al sujeto a un franqueamiento fantasm\u00e1tico desde la estructura en la que previamente el sujeto ha sido inscrito. All\u00ed, el sujeto ha construido una respuesta, v\u00eda fantasm\u00e1tica, a la pregunta \u00bfqu\u00e9 me quiere el Otro? La adolescencia deviene as\u00ed en un tiempo privilegiado para reconsiderar esta respuesta, cuya posici\u00f3n y salida dejan su huella en el sujeto y la cultura.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este bucle, ese pasado infantil se tiende sobre un horizonte de futuro, anudando con puntadas, las hebras que la nueva irrupci\u00f3n deja deshilachadas. Tiempo de anudamiento crucial para el sujeto, cuyo desenlace no es ni cura, ni equilibrio, ni normalidad, sino un reposicionamiento del sujeto en su estructura simb\u00f3lica particular.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Conmoci\u00f3n y sismo narcis\u00edstico, que convoca la inscripci\u00f3n del significante del nombre-del-padre previamente realizada para ingresar a la cadena simb\u00f3lica, donde la pubertad como tiempo a posteriori, provoca \u00abde este modo la brutal irrupci\u00f3n del proceso primario en el interior de un sistema secundario desarmado. \u00bb\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfC\u00f3mo se responde a esta vacilaci\u00f3n del orden imaginario que convoca al sujeto? \u00bfC\u00f3mo bordear los agujeros reales que amenazan con succionar al sujeto? \u00bfDesde d\u00f3nde responde, el sujeto adolescente, al Otro? No se podr\u00eda sostener aqu\u00ed una respuesta fija y generalizada, llamada adolescencia, sin interpelar qui\u00e9n es el sujeto adolescente. Creo que se trata de construir una respuesta donde la ausencia o no de orden simb\u00f3lico es determinante, as\u00ed como la respuesta fantasm\u00e1tica, construida en la infancia frente al deseo de los padres, crucial en la forma como cada sujeto atraviesa esta vacilaci\u00f3n. El sujeto se sostiene invariante mientras dura la zona de turbulencias, gracias a que ha sido representado por un significante en la cadena. El significante nombre-del-padre, le ha permitido la operaci\u00f3n metaf\u00f3rica de tachar el deseo materno, separ\u00e1ndolo de un Otro absoluto, de la madre como Gran Otro. La madre, al mostrarse en falta, presenta al padre como el lugar posible donde encontrar eso que en ella hace falta. El padre se\u00f1ala eso que la madre no tiene, el lugar de su deseo permite un enigma, una pregunta y a la vez, una operaci\u00f3n que incluye al sujeto en el orden simb\u00f3lico. Si no hay un significante que lo represente, no habr\u00eda posibilidad de soportar esta conmoci\u00f3n, este llamado de lo real, la ca\u00edda de los imaginarios, de los restos que su cuerpo\u00a0desprende, de las identificaciones que caen, de las dudas que surgen.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Puntualicemos: solamente cuando, en un primer tiempo l\u00f3gico, el deseo materno es interceptado por la met\u00e1fora paterna, un sujeto puede hacerse existir, representado por un significante, como sujeto del deseo y no quedar capturado como mero objeto de goce.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sujeto, entonces, es introducido al lenguaje por este significante del nombre-del-padre, pero articulado a un resto insimbolizable, el objeto \u00aba\u00bb, que pone en juego una dial\u00e9ctica del deseo, en una divisi\u00f3n de su ser como escindido, articulado en una relaci\u00f3n de exclusi\u00f3n con un objeto del que la construcci\u00f3n simb\u00f3lica no puede dar cuenta.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfC\u00f3mo se articula, en la adolescencia, este reposicionamiento fantasm\u00e1tico con la funci\u00f3n paterna? Estamos lejos de poder dar una respuesta satisfactoria; intentaremos, sin embargo, algunas v\u00edas para su exploraci\u00f3n.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sujeto adolescente se ve interpelado, tanto desde su descompletamiento imaginario, como desde el abandono de una posici\u00f3n infantil. Desde esta nueva posici\u00f3n se enfrentar\u00e1 a la respuesta a la pregunta \u00bfqu\u00e9 me quiere el Otro?, previamente construida. \u00bfQui\u00e9n soy para el Otro? El desfallecimiento o no del Otro en esta posici\u00f3n de absoluto, marcar\u00eda distintas posiciones del sujeto en su respuesta. Es desde la articulaci\u00f3n del padre y sus registros real, imaginario y simb\u00f3lico, desde donde el sujeto podr\u00eda abordar esta traves\u00eda fantasm\u00e1tica o atorarse en su paradoja, pues gracias a la met\u00e1fora puede nombrar al padre y sostenerse en la invocaci\u00f3n a los objetos sustitutos del deseo, que rememoran, si la hubo, esa, la primera p\u00e9rdida. El sujeto, en la conmoci\u00f3n imaginaria, en la \u00abmuda de sus identificaciones\u00bb, es convocado a enfrentar el desfallecimiento de la funci\u00f3n parental que hace de sost\u00e9n, enfrenta un dolor que s\u00f3lo un duelo le permitir\u00eda un nuevo decir, con lo que le ha sido donado, que no sea una mera repetici\u00f3n, sino que articule otra cosa.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lacan avanza m\u00e1s all\u00e1 de la pregunta freudiana de \u00bfqu\u00e9 es un padre?, a la que el Psicoan\u00e1lisis s\u00f3lo puede responder desde las consecuencias, observadas en la cl\u00ednica, del \u00abser hijo\u00bb. En Lacan, no se trata de responder qu\u00e9 es un padre, sino de un \u00abm\u00e1s all\u00e1\u00bb que lo cuestiona en su goce, en su doblez estructural y en la forma c\u00f3mo su castraci\u00f3n se articula al deseo. Para Lacan, el padre tiene falta, est\u00e1 castrado y es sexuado.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La adolescencia es un tiempo de renovaci\u00f3n, confrontaci\u00f3n y retorno, donde no s\u00f3lo la autoridad parental es puesta a prueba sino la consistencia\u00a0misma de su inscripci\u00f3n. Una nueva piel se muda tras la memoria de ese don olvidado. Un imposible se tiende sobre la otredad que ahora empuja al sujeto hacia la b\u00fasqueda de una salida, en la que el sujeto se reconocer\u00e1 ex-c\u00e9ntrico y efecto, donde la muerte real -que siempre es del otro- retorna como l\u00edmite, como enigma y como un real irreversible. La muerte simb\u00f3lica del padre, escrita en la met\u00e1fora que barra al Otro, permite al sujeto confrontar su desfallecimiento, pues en el sujeto habr\u00e1 un registro de que el orden simb\u00f3lico es \u00abno todo\u00bb.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Inasimilable tr\u00e1nsito parpadeante de luces mortecinas, cuyas se\u00f1ales de ne\u00f3n, no alcanzan a hacer pantalla de lo desconocido. Una otredad y otro que no puede responder enteramente, hacen una comunidad parad\u00f3jica, del adolescente en su cultura, en la familia, en la instituci\u00f3n, donde la alteridad radical exige \u00abun m\u00e1s all\u00e1\u00bb, una relaci\u00f3n con lo trascendente, y inasimilable, que no puede acompa\u00f1arse \u00fanicamente con el abrazo o la promesa, pues es tiempo sin tiempo, anhelo inconfesable, donde se cierne la paternidad, en el intersticio, transmitida como falta engendrada, como \u00bb &#8230; lo posible que se ofrece al hijo, situado m\u00e1s all\u00e1 de lo que el padre puede asumir.\u00bb (2) Porque un hijo s\u00f3lo puede ser esa posibilidad \u00abm\u00e1s all\u00e1 de lo posible\u00bb.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volvamos al tiempo de la adolescencia; no se trata de una cura, ni de una resoluci\u00f3n, sino de la dimensi\u00f3n temporal donde se inscribe esta transmisi\u00f3n generacional de un don imposible, para que el sujeto, en ese \u00abcarnaval\u00bb como lo llama Erdheim (3), lo pueda inscribir como renovaci\u00f3n, para que intente otro orden y en ese tr\u00e1nsito de embriaguez y de pasiones, no muera de aburrimiento y de mismidad, un intento de coincidencia al que la tradici\u00f3n nos convoca, pero, que el adolescente, en su est\u00e9tica subvierte y renueva.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este punto de capitonado entre lo pasado y lo nuevo, entre lo propio y lo ajeno, no resulta f\u00e1cil ni debe alentar visiones rom\u00e1nticas, pues Freud mismo, en \u00abLa novela familiar de los neur\u00f3ticos\u00bb, nos dice que el desasimiento de la autoridad parental es una de las operaciones necesarias, pero a la vez una de las m\u00e1s dolorosas para el sujeto. El destino de la sociedad descansa en esta confrontaci\u00f3n de las generaciones. Entre ambas est\u00e1n las cicatrices esculpidas y los tatuajes de un duelo. Conmoci\u00f3n, encrucijada y embrollo, donde el sujeto no se desarrolla, sino que se enrolla en el reposicionamiento de su deseo, o bien, podr\u00eda ser arrollado por la par\u00e1lisis, la muerte o la locura.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sujeto, mediante el Edipo, encalla y anuda sus amarras en \u00abla roca viva de la castraci\u00f3n\u00bb, ah\u00ed la relaci\u00f3n con el padre, en sus versiones, anuda una operaci\u00f3n de castraci\u00f3n simb\u00f3lica seg\u00fan el modo de su sexuaci\u00f3n. Uno u otro sexo, el rechazo de la posici\u00f3n pasiva frente al padre -con poca fortuna llamada \u00abfemenina\u00bb- es determinante del \u00abm\u00e1s all\u00e1 del Edipo\u00bb.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este texto de pasiones y desilusiones Eros invoca a Thanatos para no acogerse a una pasividad irreversible. Para que en la er\u00f3tica del padre, el falo como falta, inscriba una posici\u00f3n sexuada para el sujeto, del lado de \u00ablo femenino\u00bb o \u00ablo masculino\u00bb. Ninguna de las dos posiciones promete una acci\u00f3n resarcidora, sino que el punto de arribo es un duelo del falo, cuyo fulgor evanescente inyecta la turgencia a ese instante donde el encuentro es p\u00e9rdida.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se trata de bordear un imposible, no se puede ser Uno. No hay Uno que responda por su ser. El padre provee el significante que introduce en la l\u00f3gica de la sexuaci\u00f3n, pero \u00e9sta no puede sostenerse en sus emblemas ni semblantes.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El duelo del padre permite que un sujeto, cualquiera que sea su posici\u00f3n sexuada, se desprenda de la fascinaci\u00f3n hipn\u00f3tica:<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8211; que busca ese Uno de la excepci\u00f3n,<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8211; que se ofrece en sacrificio para su goce,<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8211; que sostiene la tentaci\u00f3n hist\u00e9rica de solicitar su potencia denunciando su impotencia.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este \u00abatoramiento en el padre\u00bb, como lo plantea Susana Bercovich, congela el duelo donde, en el \u00abm\u00e1s all\u00e1\u00bb del padre, el hijo ejecuta la destituci\u00f3n parental; acto que no s\u00f3lo es sost\u00e9n de su \u00abser y su tener\u00bb, sino tambi\u00e9n de renovaci\u00f3n, tradici\u00f3n y cultura.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la mujer, la captura imaginaria de esa otra mujer que es la madre, cuya mirada ha capturado previamente al padre, tambi\u00e9n tiende sus trampas:<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li style=\"list-style-type: none;\">\n<ul class=\"wp-block-list\"><\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p>\u00a0<\/p>\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li style=\"list-style-type: none;\">\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>En el amor o el odio a un ser de excepci\u00f3n.<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li style=\"list-style-type: none;\">\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>En su temor a la p\u00e9rdida o a la soledad por la cual pierde todo, al entregarse como escaparate f\u00e1lico de las conquistas masculinas.<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li style=\"list-style-type: none;\">\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>En el sacrificio para sostener un Otro sin falta.<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Someti\u00e9ndose a una garant\u00eda exterior para hacer existir un centro que la circunscriba.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando Lacan afirma que ni el hijo, ni el padre y su mudanza en marido, salvan a la mujer, f\u00e1cilmente podr\u00edamos caer en la queja hist\u00e9rica y decir: \u00a1Lo siento! Pero la salida no es del orden del ideal o de lo universal, sino que es singular; conlleva una posici\u00f3n \u00e9tica. Lo femenino se articula a lo real, es decir, tiene un germen de locura, de creaci\u00f3n y de muerte. La mujer no queda atrapada en bienes sino capturada por los dones, cuya ausencia es, al mismo tiempo, el acuse de recibo. La mujer teje ese real y, como alguna vez le escuch\u00e9 en un seminario a Hel\u00ed Morales, con la nada, usando la estrategia de la ara\u00f1a. Para el var\u00f3n el riesgo no es menor, lo seduce el se\u00f1uelo de un logocentrismo y su l\u00f3gica falicizada, sin espacio para lo inasible o lo imposible, cuyos molinos de viento, como al caballero de la Mancha, lo hacen confundir el texto con su locura.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este juego de la falta, para la mujer hacerse semblante de ese objeto \u00aba\u00bb que falta, ese que el hombre quiere capturar en su multiplicidad, donde no la ama como \u00fanica sino \u00abdespedazadamente\u00bb, parece ser un interminable juego amoroso. S\u00f3lo donde hay falta hay intercambio, pero la paradoja es que lo que se intercambia es la falta. Aqu\u00ed otra vez el juego de miradas: la madre ha mirado al padre diciendo: creo que t\u00fa lo tienes y el padre real tendr\u00e1 que volver a la madre para decirle: t\u00fa eres mi falta. Esta es la \u00abaprehensi\u00f3n castrada del objeto\u00bb que permite pasar el Edipo, de un padre que con su castraci\u00f3n efect\u00faa el corte, articulando el deseo a la ley, la genitalidad a la sexualidad, en la que la diferencia simb\u00f3lica sexual puede inscribirse a partir de uno u otro sexo, en la b\u00fasqueda nost\u00e1lgica de una reunificaci\u00f3n nunca existida y nunca alcanzada. Lo contrario es la violenta anulaci\u00f3n de las diferencias.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Retomemos nuestro tema; el sujeto adolescente se inscribe como sexuado en este intercambio de las generaciones. Si lo que se transmite es la falta, entonces s\u00f3lo se la puede recibir si se ha inscrito previamente dicha p\u00e9rdida. Confrontado a una posici\u00f3n de privaci\u00f3n, de fragmentaci\u00f3n corporal, el sujeto adolescente tiene que intentar una respuesta a estas tareas ed\u00edpicas. Su respuesta no puede ser generalizada, como tareas de la adolescencia. Este pasaje es particular para cada sujeto.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su operaci\u00f3n constituye una v\u00eda crucial de renovaci\u00f3n en el intercambio generacional de los dones, donde la herencia recibida se renueva. No -al menos eso esperar\u00edamos- como repetici\u00f3n id\u00e9ntica, como mismidad l\u00fagubre de la duplicaci\u00f3n narcis\u00edstica, ni como deudor perenne de lo heredado, cuyo precio podr\u00eda ser el sacrificio en aras de un ideal o la muerte; sino como la fiesta carnavalesca donde, desde la embriaguez del sujeto, pueda transitar hacia el anhelo de lo posible, e inscriba, con \u00abla goma\u00bb incluida, eso imposible de ser donado: todos somos hijos y no hay escuela para padres.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El psicoanalista, pensado en una posici\u00f3n de \u00abpadre reparador o de padre ed\u00edpico\u00bb, nos ofrecer\u00eda una visi\u00f3n tragic\u00f3mica, cuyo desasimiento convocar\u00eda la faz gozosa de esa paradoja estructural de la funci\u00f3n paterna. Quiz\u00e1 por esto, para el psicoan\u00e1lisis, la adolescencia no es enfermedad ni tiene cura, pero s\u00ed se escucha como un tiempo privilegiado, doloroso y quiz\u00e1 exaltado, donde, como todo duelo, un real descompleta lo simb\u00f3lico y desde all\u00ed, un acto puede anudar la efectuaci\u00f3n en un pasaje.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Destituci\u00f3n del padre, duelo de su potencia, cr\u00edtica de sus ideales y una salida ex\u00f3gamica que permita articular el deseo a la ley, sin que su mensaje insensato lo llame como Hamlet, a ofrecerse como estuche de un objeto preciado o que la voz del padre retome qui\u00e9n sabe por d\u00f3nde, en un siniestro llamado.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la marea pulsional la sexualidad es convocada a inscribirse en la trascendencia de las generaciones. \u00bfC\u00f3mo se articula esta muerte del padre y sus paradojas a ese imaginario social invocante? Una traves\u00eda, un carnaval, que se inicia con la conmoci\u00f3n, pero cuyo atravesamiento es la escritura que rasga y descompleta un texto repetido, para recoger entre repeticiones y variaciones, ese nuevo texto, escritura en la que podr\u00edan estar los trazos de un adolescer.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>He elegido el tema de la funci\u00f3n paterna y su articulaci\u00f3n con la adolescencia, como una forma de responder, desde una perspectiva psicoanal\u00edtica, a las preguntas que los adolescentes consultantes de la Cl\u00ednica de Atenci\u00f3n Integral del Adolescente, en el Hospital Calder\u00f3n Guardia, le plantean a los conmocionados estudiantes de psicolog\u00eda que las 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