{"id":428,"date":"2024-10-21T22:00:16","date_gmt":"2024-10-21T20:00:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/?p=428"},"modified":"2024-10-22T09:29:51","modified_gmt":"2024-10-22T15:29:51","slug":"antigona-intratable-o-innombrable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/2024\/10\/21\/antigona-intratable-o-innombrable\/","title":{"rendered":"ANT\u00cdGONA \u00bfINTRATABLE O INNOMBRABLE?"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-0e47273b wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:74%\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ten coraje; t\u00fa est\u00e1s viva, en cambio<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">mi alma hace tiempo que muri\u00f3,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">as\u00ed que sirve a los muertos. (v. 560)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">S\u00f3focles, Ant\u00edgona. Losada,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Argentina, 2003, p. 88<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:26%\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"522\" height=\"782\" src=\"http:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-353\" srcset=\"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg 522w, https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1-200x300.jpg 200w\" sizes=\"(max-width: 522px) 100vw, 522px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><a href=\"http:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.pdf\">VERSI\u00d3N REVISTA PDF<\/a><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Introducci\u00f3n<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada \u00e9poca ha rele\u00eddo Ant\u00edgona al punto de tornarla una pieza polif\u00f3nica.&nbsp;&nbsp;Actualizan, con cada lectura, los fragmentos de espejo roto1, donde se miran las dimensiones psicol\u00f3gicas, sociales o pol\u00edticas de la tragedia. Sin embargo, aunque existe la tentaci\u00f3n de una \u00fanica lectura, cada una de ellas ha encontrado el l\u00edmite de la \u00e1te, donde el comentario lacaniano, del seminario \u00abLa \u00e9tica del psicoan\u00e1lisis\u00bb, la sit\u00faa como su guardiana. Para Lacan en dicho comentario, el rostro de Ant\u00edgona ser\u00e1 la m\u00e1s bella anamorfosis jam\u00e1s encontrada por \u00e9l, cuyos fragmentos, invisibles al ojo humano, unifican en una imagen central, el caos proyectado de la tragedia. Ah\u00ed, Ant\u00edgona es una zona de brillo: no s\u00f3lo es una belleza cautivante y cegadora, sino tambi\u00e9n la condici\u00f3n misma de su devenir hero\u00edna, una mujer impar con una vida (in)viable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El objetivo de este escrito es relacionar esa zona infranqueable en la que Lacan ubica el brillo de Ant\u00edgona, con lo que plantea Judith Butler en su libro Dar cuenta de s\u00ed mismo, como una tensi\u00f3n en el ethos colectivo cuando no es compartido y se convierte en un anacronismo, que sin ser a\u00fan pasado se impone al presente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa zona o frontera, donde Lacan en su seminario sit\u00faa a Ant\u00edgona, Butler la llama uno de \u00ablos puntos ciegos\u00bb del comentario lacaniano y, por ello, la hace una contrafigura desestabilizadora del g\u00e9nero [undoing gender] convocada por una escena de interpelaci\u00f3n confesional, en la que ella debe dar cuenta de s\u00ed misma y en la que posteriormente, esta misma autora deslindar\u00e1 al psicoan\u00e1lisis de este mandato social de la confesi\u00f3n y del secreto. Desde el psicoan\u00e1lisis, ubicaremos el testimonio del duelo de Ant\u00edgona y su pasaje al p\u00fablico en la imposibilidad de lo inenarrable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo anterior, nos interesa especialmente la declaraci\u00f3n de Ant\u00edgona ante Creonte, la confesi\u00f3n y su auto-implicaci\u00f3n en su propia criminalidad, luego de participar en la transgresi\u00f3n del edicto de Creonte que proh\u00edbe dar sepultura a Polinices y ordena dejar el cad\u00e1ver de su hermano, declarado enemigo de la ciudad, expuesto para ser devorado por las aves de rapi\u00f1a. Esto se convierte en el agujero del acontecimiento, un hecho que necesita de su narraci\u00f3n o testimonio para ser establecido como un crimen, para lo cual Ant\u00edgona ser\u00e1 llamada a testimoniar, a favor o en contra de s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes es necesario aclarar que, en el contexto de los ritos del luto griego conocidos como la bella muerte [ka\/os th\u00e1natos], se embellec\u00eda el cad\u00e1ver ultrajado con un ceremonial de duelo, que permit\u00eda, gracias al relato de sus haza\u00f1as, escapar de la aniquilaci\u00f3n de la muerte hacia una gloria imperecedera. El relato permit\u00eda de Ant\u00edgona ante Creonte, la confesi\u00f3n y su auto-implicaci\u00f3n en su propia criminalidad, luego de participar en la transgresi\u00f3n del edicto de Creonte que proh\u00edbe dar sepultura a Polinices y ordena dejar el cad\u00e1ver de su hermano, declarado enemigo de la ciudad, expuesto para ser devorado por las aves de rapi\u00f1a. Esto se convierte en el agujero del acontecimiento, un hecho que necesita de su narraci\u00f3n o testimonio para ser establecido como un crimen, para lo cual Ant\u00edgona ser\u00e1 llamada a testimoniar, a favor o en contra de s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes es necesario aclarar que, en el contexto de los ritos del luto griego conocidos como la bella muerte [ka\/os th\u00e1natos], se embellec\u00eda el cad\u00e1ver ultrajado con un ceremonial de duelo, que permit\u00eda, gracias al relato de sus haza\u00f1as, escapar de la aniquilaci\u00f3n de la muerte hacia una gloria imperecedera. El relato permit\u00eda lidiar con el horror de la muerte y, por ello, con este rito se opera con lo ominoso en la alteridad y las distintas formas de pasaje de lo Otro a lo Mismo y al Otro al que se le atribuyeron distintas figuras monstruosas. La muerte es parte del Otro absoluto, cuya potencia sagrada opera los diversos modos de velar ese horror. El comentario lacaniano colocar\u00e1 justamente a Ant\u00edgona en este l\u00edmite infranqueable, lidiando con este horror de la muerte en su vida, tal como puede leerse en nuestro ep\u00edgrafe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para Lacan esta potencia no es solamente la de los dioses sino tambi\u00e9n la potencia del sentido, cuando el lenguaje interpela su potencia y su l\u00edmite. Por ello, cuando Ant\u00edgona vela por el cad\u00e1ver de su hermano, el comentario de J. Lacan remarca ese l\u00edmite entre las leyes no escritas (la D\u00edke como justicia del hogar o de los dioses) y las de la ciudad, pone en juego las consecuencias fatales de un \u00abexceso real\u00bb. Insiste Lacan en que se trata, en ella, de un amor sublime, de un Bien que renuncia a todo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Contrariamente al Soberano Bien que representa Creonte, el acto de Ant\u00edgona est\u00e1 relacionado con los ritos inici\u00e1ticos, cuyo exceso del real tambi\u00e9n la sit\u00faa en la genealog\u00eda freudiana del crimen del padre originario y de la creaci\u00f3n ex nihilo [sublimaci\u00f3n], creemos que Lacan ubica a Ant\u00edgona en el espacio de lo bello, desdoblada de s\u00ed misma, en un fuera de s\u00ed, donde se juega el luto, la locura, el extrav\u00edo y el dolor de existir, es decir, el l\u00edmite de la segunda muerte: la muerte en vida y la vida en la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La defensa que hace Ant\u00edgona de la genealog\u00eda de su estirpe, para J. Butler, en El grito de Ant\u00edgona, no fue suficientemente superada en Lacan, quien en su criterio la dejar\u00eda a\u00fan en una cierta idealidad de las normas de parentesco (consangu\u00edneo) y, por eso, su respuesta es ubicar a Ant\u00edgona en los l\u00edmites de la representaci\u00f3n y la representatividad, es decir, en el pasaje de un espacio privado al p\u00fablico, en los l\u00edmites de las normas que gobiernan la inteligibilidad cultural {Si\u00ablichkit].<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este punto nos interesa en tanto Ant\u00edgona opera en ese l\u00edmite de la violencia que ejerce una universalidad generalizada y, por el otro, en la apropiaci\u00f3n vital, particular y singular que cada vida hace de esos contextos culturales siempre cambiantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nuestra posici\u00f3n es que la apariencia antag\u00f3nica de uno y otro autor logran converger en el tema de la funci\u00f3n del p\u00fablico del duelo, una terceridad que opera entre el binario Ant\u00edgona\/Creonte, en la cual tanto Jacques Lacan como Jean Allouch, en La er\u00f3tica del duelo en tiempos de la muerte seca, colocan ese espacio de la segunda muerte, pero que es llevado por J. Allouch hasta el duelo de lo innombrable, es decir, cuando lo que se ha perdido no puede ser enunciado, por el sujeto, en una cadena significante. Eso que se sustrae a la enunciaci\u00f3n es lo que ser\u00e1 construido como un objeto para el duelo y en tanto no remite a una existencia real, toca el Real y su imposibilidad de significaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces, diremos que J. Butler acent\u00faa m\u00e1s las maneras en que la cultura podr\u00eda ser sensible o excluyente a los modos en que esta universalidad de las normas sociales o del parentesco interroga a los sujetos en sus contextos vitales e hist\u00f3ricos es decir, a la violencia o no en la manera c\u00f3mo la cultura ejerce esa terceridad en los espacios simb\u00f3licos de la representatividad que permiten a los sujetos dar o no cuenta del s\u00ed mismo. Para ello ubica su acento en el \u00abyo\u00bb [\/]-destacamos las comillas usadas-y no en el yo [ego, se\/f], para vincular la relaci\u00f3n discursiva del \u00abyo\u00bb con las condiciones sociales e hist\u00f3ricas en que puede un sujeto dar cuenta de su experiencia de vida o de un acontecimiento. Ese \u00abyo\u00bb gramaticalmente est\u00e1 involucrado con ese conjunto de normas culturales o de las normas que gobiernan la inteligibilidad cultural [Sittlichkit].<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este punto nos interesa en tanto Ant\u00edgona opera en ese l\u00edmite de la violencia que ejerce una universalidad generalizada y, por el otro, en la apropiaci\u00f3n vital, particular y singular que cada vida hace de esos contextos culturales siempre cambiantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nuestra posici\u00f3n es que la apariencia antag\u00f3nica de uno y otro autor logran converger en el tema de la funci\u00f3n del p\u00fablico del duelo, una terceridad que opera entre el binario Ant\u00edgona\/Creonte, en la cual tanto Jacques Lacan como Jean Allouch, en La er\u00f3tica del duelo en tiempos de la muerte seca, colocan ese espacio de la segunda muerte, pero que es llevado por J. Allouch hasta el duelo de lo innombrable, es decir, cuando lo que se ha perdido no puede ser enunciado, por el sujeto, en una cadena significante. Eso que se sustrae a la enunciaci\u00f3n es lo que ser\u00e1 construido como un objeto para el duelo y en tanto no remite a una existencia real, toca el Real y su imposibilidad de significaci\u00f3n. Entonces, diremos que J. Butler acent\u00faa m\u00e1s las maneras en que la cultura podr\u00eda ser sensible o excluyente a los modos en que esta universalidad de las normas sociales o del parentesco interrogan a los sujetos en sus contextos vitales e hist\u00f3ricos, es decir, a la violencia o no en la manera c\u00f3mo la cultura ejerce esa terceridad en los espacios simb\u00f3licos de la representatividad que permiten a los sujetos dar o no cuenta del s\u00ed mismo. Para ello ubica su acento en el \u00abyo\u00bb [\/]-destacamos las comillas usadas-y no en el yo [ego, se\/fj9, para vincular la relaci\u00f3n discursiva del \u00abyo\u00bb con las condiciones sociales e hist\u00f3ricas en que puede un sujeto dar cuenta de su experiencia de vida o de un acontecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese \u00abyo\u00bb gramaticalmente est\u00e1 involucrado con ese conjunto de normas culturales o. de parentesco que lo condicionan y que, por lo tanto, exceden sus posibilidades enunciativas y, por ende, excede sus propias capacidades normativas\u00bb1\u00ba de las cuales \u00e9l mismo ha emergido y por ello constituyen algo que se sustrae del s\u00ed mismo. El punto ciego de Lacan, para Butler en el libro citado, es una manera distinta de abordar la (in)completitud del simb\u00f3lico, una barrera del Otro, donde Lacan ubica a Ant\u00edgona, justo en el pasaje entre los registros imaginario y simb\u00f3lico. Sin embargo, Lacan con su comentario de la pieza llama la atenci\u00f3n sobre la manera en que la tragedia o, m\u00e1s bien, el sujeto tr\u00e1gico, concierne a la experiencia anal\u00edtica. Postulamos que este es el punto articulador, pues no solamente se trata de una cr\u00edtica a un humanismo decadente o de un di\u00e1logo con (laude L\u00e9vi-Strauss sobre las leyes del parentesco, sino que tambi\u00e9n el comentario de Lacan recalca la manera c\u00f3mo, en la topolog\u00eda del apaciguamiento por el placer, la catarsis es una purificaci\u00f3n realizada mediante la imagen, a trav\u00e9s Judith Butler. 2009. Op. Cit., p. 18. del temor y la compasi\u00f3n. De eso se trata la pasi\u00f3n incomprendida de Ant\u00edgona: un punto donde la aspiraci\u00f3n del deseo palpa la intuici\u00f3n aristot\u00e9lica. All\u00ed Ant\u00edgona es una zona central visible en lo invisible, una zona de heroicidad que fascina e intimida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El enigma de Ant\u00edgona es un suplicio que turba el orden imaginario, dir\u00e1 Lacan, con su muerte extremadamente voluntaria; su brillo insoportable proviene de la intersecci\u00f3n entre dos campos diferenciados, en ese punto de desaparici\u00f3n y aniquilamiento, donde Lacan intenta definir \u00ablas falsas met\u00e1foras del ente\u00bb convocadas por los h\u00e9roes sadeanos en la segunda-muerte. En este punto de ceguera, Ant\u00edgona remite a la pureza que remite al Ser y no a la palabra, siempre necesaria para representarse a s\u00ed misma, en y por el lenguaje. En estos l\u00edmites de la representatividad, encontramos un punto de conjunci\u00f3n entre el Lacan de 1960 y la posici\u00f3n de Butler en el 2005. La actualidad de esa imagen po\u00e9tica del anonadamiento ext\u00e1tico, del dolor de existir, no pasa inadvertida para Lacan, quien describe entre brumas matinales la silueta de peque\u00f1a chiquilla [pafs] que indemne cubre, con un fino velo de polvo, el cad\u00e1ver insepulto. Un cad\u00e1ver velado, es decir sepultado y, por ende, existente pese a su desaparici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfPor qu\u00e9 ese hermano (de sangre) es insustituible? \u00c9ste es un verso que escandaliza, nos dir\u00e1 Lacan. Un verso interpolado y ap\u00f3crifo que se supone proviene de otros textos. Lacan confesar\u00e1 llegando al final de su lectura: \u00abLo que me impacta al final de Ant\u00edgona es que ella padece de una desgracia igual a todos aquellos que est\u00e1n cautivos del juego cruel de los dioses\u00bb. Una m\u00e1s de todas las que le ha tocado vivir, nos dice en el umbral del palacio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">All\u00ed es donde Ant\u00edgona har\u00e1, seg\u00fan Lacan, el sacrificio esencial de su ser: elige ser pura y la guardiana de la \u00c1te familiar. Pero \u00bfPor qu\u00e9 Ant\u00edgona ha perdido solamente un hermano? si han muerto dos el mismo d\u00eda? Este ha sido uno de los pasajes que m\u00e1s tinta ha convocado. J. Butler no es insensible a ello cuando nos dice que Ant\u00edgona se ha convertido en el doble viviente [eidolon] de Polinices, es decir, ella misma es un espectro, su doble entre los vivos. Pero de nuevo la autora se queda en el tema de la hermandad consangu\u00ednea y su car\u00e1cter insustituible, un aspecto que el comentario de Lacan se\u00f1ala como el que m\u00e1s llam\u00f3 la atenci\u00f3n a Goethe. La relaci\u00f3n entre Polinices y Ant\u00edgona es la<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">hermandad trastocada por la ley y el parentesco, no una hermandad consangu\u00ednea. Su declaraci\u00f3n ante Creonte la convoca a dar cuenta de s\u00ed misma en relaci\u00f3n con algo innombrable, es decir, con lo que ha perdido con esa muerte y que no es necesariamente un hermano. Para Lacan, esa dependencia con el muerto no ser\u00e1 simplemente un lazo del parentesco que deja intacto, sino m\u00e1s bien la manera en que recae sobre ella misma, eso que no puede ser dicho. Por ello, situamos este tiempo como su posibilidad de \u00abDar cuenta de s\u00ed misma\u00bb, en el breve lapso entre su declaraci\u00f3n sobre el acontecimiento<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">y la condena al exilio, en la tumba donde luego se suicidar\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La imposibilidad de ese duelo la dejar\u00e1 en la pura p\u00e9rdida y no en la p\u00e9rdida a secas. De ah\u00ed, que proponemos que este exceso real no es meramente un asunto de enunciar su linaje geneal\u00f3gico, sino que se trata de ese acto de duelo por el que Jean Allouch avanza en la lectura de Lacan, mostrando c\u00f3mo ese sacrincio gratuito relanza el deseo, pues ubica al sujeto ya no en el espacio del ser, sino en el de su propia posibilidad de enunciar y ejecutar su acto de p\u00e9rdida, es decir en su viabilidad como sujeto y no s\u00f3lo como un mero existente, viviente o desaparecido. En nuestra opini\u00f3n, se ha dejado de lado este tercer estudio e, de \u00abAj\u00f3 el duelo seg\u00fan Kenzaburo Oe\u00bb en lo que respecta a ese trozo de s\u00ed sacrificado por quien est\u00e1 de duelo. Lacan interviene en la pieza de S\u00f3focles y subraya que los mensajeros y los guardias -los c\/owns, para Lacan- se cuidan muy bien de salvar su pellejo cuando son llamados a establecer la veracidad y verosimilitud del hecho. En este momento es cuando Ant\u00edgona, con su declaraci\u00f3n, confiesa su implicaci\u00f3n, un acto ling\u00fc\u00edstico que deviene en un punto clave de la lectura Butleriana de Lacan y que pretendemos situar ahora, en relaci\u00f3n con la er\u00f3tica del duelo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el terreno abierto por las siguientes preguntas:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfCu\u00e1les son los p\u00fablicos de un duelo?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfBasta con decir que Ant\u00edgona ha perdido un hermano insustituible?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfCu\u00e1l es la singularidad de ese duelo, jugado en lo no enunciable, la Cosa [das D\u00edng] y su imposibilidad como un duelo?<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">ANT\u00cdGONA:&nbsp;<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">CON\/CONTRA S\u00cd MISMA<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como mencionamos, Butler, en su libro \u00abDar cuenta de s\u00ed misma\u00bb concede al sujeto deliberante la operaci\u00f3n cr\u00edtica de s\u00ed mismo en relaci\u00f3n con las normas establecidas, a trav\u00e9s de las cuales se apropia, o no, de su lugar como viviente y, por lo tanto, con un \u00abyo\u00bb [\/]. Esa (in)viabilidad del sujeto requiere de una operaci\u00f3n vital y de una cr\u00edtica reflexiva (hermen\u00e9utica del sentido), en la cual sea capaz de asumir una escena de interpelaci\u00f3n y de establecer una cierta narratividad, auto relato o declaraci\u00f3n (biogr\u00e1fica) para dar cuenta de ese s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre estas escenas de la interpelaci\u00f3n, Butler incluye el psicoan\u00e1lisis: \u00bfc\u00f3mo nos situamos frente al da\u00f1o que hemos infligido a otro y el sufrimiento del que hemos sido objeto? Adem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 modos de responsabilidad establecer all\u00ed? Por supuesto, tanto Butler como Lacan no sit\u00faan all\u00ed a ning\u00fan agente causal entre el da\u00f1o y el padecimiento, tal como los modelos explicativos que abundan en la psicopatolog\u00eda actual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un agente causal tr\u00e1gico que Butler, con raz\u00f3n, llama y denuncia como una nueva \u00abviolencia \u00e9tica\u00bb. Entonces, \u00bfc\u00f3mo tratar esa declaraci\u00f3n de Ant\u00edgona, que traspasa la prohibici\u00f3n y reivindica su acto haci\u00e9ndolo p\u00fablico? Ant\u00edgona pone de manifiesto su relaci\u00f3n con el hecho del entierro y ciertamente su decir es un acto ling\u00fc\u00edstico, porque declara el acontecimiento como verdadero; pero, a la vez, lo confirma y se incrimina a s\u00ed misma. Sin embargo, al mismo tiempo, su declaraci\u00f3n arroja luz sobre la opacidad del hecho mientras establece un lazo con \u00e9l. \u00a1Que a nadie se le ocurra pensar lo contrario! Sin embargo, la pregunta es: \u00bfcu\u00e1l agente realiza este acto y quien lo recibe como tal? Ant\u00edgona se reh\u00fasa a negarlo, pero su agenc\u00edam\u00edento sigue en esa voz media que la implica y de la cual no puede salir airosa. Lo&nbsp;que recibe no es un castigo con la ley sino un exilio, ser enterrada viva, quiz\u00e1 porque ella misma ya estaba muerta en vida, es decir, su propia vida ya no era vivible; entonces, lo que recibe es su propia relaci\u00f3n con su deseo: la imagen misma de su propio ideal. Ant\u00edgona: un punto de mira del deseo vuelto visible. En este sentido, su declaraci\u00f3n es tr\u00e1gica y por eso avanza un paso hacia el l\u00edmite\u00bb, pues el lenguaje tr\u00e1gico es ambiguo, con una permanente interferencia y mezcla entre sus dimensiones, niveles y c\u00f3digos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El agente no puede establecer su relaci\u00f3n con su acto de habla, m\u00e1s que como un golpe recibido. Dicha ambig\u00fcedad es la escisi\u00f3n entre acto y habla, esencial en la lengua de la tragedia. Ant\u00edgona se sit\u00faa, como lo afirma J. Butler, en esa \u00abfatal ambig\u00fcedad\u00bb; o puede declarar las razones de su acto, sino redoblando ese segundo acto ling\u00fc\u00edstico que la incrimina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un acto criminal que no puede verse, entonces, solamente como un desaf\u00edo verbal a Creonte o como una transgresi\u00f3n de la ley Pierre Vidal-Naquet, Op. Cit., p. 52. o de la autoridad, sino que debe entenderse como el acto de una posible subjetivaci\u00f3n cultural, con lo cual estamos de acuerdo con Butler, \u00bfPero \u00bfqu\u00e9 pasa en el plano de la singularidad de su duelo? \u00bfBasta con un reconocimiento cultural de la p\u00e9rdida para que un sujeto hablante pueda dar cuenta de su dolor de existir o de lo que ha perdido? \u00bfPuede, en tanto vida singular, vivir con p\u00e9rdida y decir aquello que ha perdido? La posibilidad de enunciaci\u00f3n de esa relaci\u00f3n de Ant\u00edgona con su propia p\u00e9rdida es la posibilidad misma de su duelo, que postulamos aqu\u00ed como el pasaje de Ant\u00edgona de intratable a innombrable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vayamos entonces a su declaraci\u00f3n y a ese agujero de la verdad, sobre el cual es necesario atestiguar y donde los testigos escasean, se tornan invisibles y se escabullen. Ant\u00edgona ser\u00e1 atrapada tr\u00e1gicamente en su propia muerte. En el verso 443 de la pieza sofocleana, Ant\u00edgona responde a la interpelaci\u00f3n de Creonte para dar cuenta de su transgresi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c9sta es la primera parte del verso:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Kai phemi drasai [ &#8230; ]<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Declaro haberlo hecho[ &#8230; ]<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ant\u00edgona quiere dejar muy claro, sin ninguna duda, lo hecho y que nadie arroje sombras<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">sobre su acto. Pero ella no cierra el verso sin ambig\u00fcedad:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>[ &#8230; ] kouk apamoumai to me.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>[ &#8230; ] y no niego que no15 sobre su acto.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero ella no cierra surge una diferencia entre haber el verso sin ambig\u00fcedad:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>[ &#8230; ] kouk apamoumai to<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>[ &#8230; ] y no niego que no<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para Butler, esta declaraci\u00f3n revela la manera en que Ant\u00edgona se relaciona con su acto a trav\u00e9s de una conexi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica de la cual se autoriza y se hace autora al mismo tiempo; pero s\u00f3lo ambiguamente. En su testimonio surge una diferencia entre haberla visto cometiendo el crimen, haberlo hecho y decir que lo ha hecho, de donde surge esta ambig\u00fcedad sobre su responsabilidad: Ant\u00edgona no niega que es su acto; sin embargo, la interrogaci\u00f3n que plantea su afirmaci\u00f3n es: \u00bfasume la autor\u00eda o solamente reh\u00fasa negarlo?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para Butler, cuando Ant\u00edgona se reh\u00fasa a negar el acto, lo reivindica porque al mismo tiempo se niega a una confesi\u00f3n forzada. Pero, sin embargo, este pasaje al p\u00fablico la lleva a un nuevo acto criminal, que redobla al anterior. En este desaf\u00edo verbal, ella es nombrada por Creonte como \u00abvaronil\u00bb y, al tomar esta soberan\u00eda masculina, desestabiliza el g\u00e9nero: \u00abHacer p\u00fablico el acto propio mediante el lenguaje significa en cierto sentido completar el acto, el momento que tambi\u00e9n le implica a ella en el exceso de masculinidad llamado orgullo\u00bb. Ella logra esta autonom\u00eda desafiante, por medio de una apropiaci\u00f3n de las normas a las que se opone: se apropia de la voz de la ley contra la ley misma y, por tanto, redobla su acci\u00f3n criminal, al no negar el hecho y al no negar su responsabilidad. Sin embargo, Lacan afirma que no puede pensarse esa autonom\u00eda sin el corte que instaura el lenguaje en la vida humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sujeto no puede recibir la vida que simplemente ha vivido (en su drama hist\u00f3rico y simb\u00f3lico) sin un corte donde, mediante la tachadura del Otro, posibilita recibir este mensaje sobre s\u00ed mismo, cuando el lenguaje escande todo lo que pasa en el movimiento de su vida. No es Ant\u00edgona la que se declara como aut\u00f3nomos -llama la atenci\u00f3n Lacan- sino que as\u00ed la llama el coro de ancianos tebanos en los versos 817-824. Esta autonom\u00eda remite a la propia ley y no a la propia voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>oukoun kleine kai \u00e9painon \u00e9chous&#8217;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>es t\u00f3d&#8217; ap\u00e9rchei keuthos nekyon,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>o\u00fate phthin\u00e1sin plegeisa n\u00f3sois<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>o\u00fate xiph\u00e9on ep\u00edcheirala chous&#8217;,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>ali&#8217; aut\u00f3nomosz osam \u00f3ne de<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>thneton A\u00edden katab\u00e9sei.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Pues entonces ilustre y teniendo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>elogio<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>marchas a esta profundidad de<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>muertos,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>ni habiendo sido golpeada por<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>enfermedades debilitantes<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>ni retribuciones habiendo recibido<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>de espadas,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>por el contrario, te hundir\u00e1s en el<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Hades<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>viviendo autodeterminada,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>ciertamente sola de mortales.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pese a que las traducciones comunes hacen notar que esa autonom\u00eda es por \u00absu propia voluntad\u00bb, el coro la llama aut\u00f3nomos, en tanto ha hecho suya una ley que no es la de Creonte y por la cual ser\u00e1 destinada a una muerte segura. Lacan ironiza al decir que el coro es el s\u00e9quito de los que siempre dicen que s\u00ed. Ella se marcha de la vida sin conocer su inscripci\u00f3n en esa otra Ley de la cual surge su acto bajo su propia ley. Entonces, aqu\u00ed surge una discrepancia entre esa autonom\u00eda desafiante butleriana y esta otra que se\u00f1ala Lacan, donde se juega no un destino sino el resultado de ese edicto anticipado de Creonte y su recepci\u00f3n en la tragedia de una vida: \u00bfser\u00e1 \u00e9l quien ha decidido el destino de Ant\u00edgona o es ella quien puede hacerla vivible?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De lo anterior se produce, seg\u00fan Lacan, otro cambio de iluminaci\u00f3n en la tragedia: su queja [komm\u00f3s], su largo lamento es lo que deja como una estela tras de s\u00ed, un largo velo que la sigue hasta su corta estancia como novia de la muerte. Observamos una diferencia en la manera en que Ant\u00edgona recibe esa autonom\u00eda y c\u00f3mo se apropia de ella. En Lacan, es el coro el que le advierte que ese camino la llevar\u00e1 a una muerte anunciada. Para Butler, Ant\u00edgona no se sacrifica enteramente, sino que \u00absu autonom\u00eda se obtiene a trav\u00e9s de la apropiaci\u00f3n de la voz autoritaria a la que ella resiste, una apropiaci\u00f3n que encuentra en su interior simult\u00e1neamente el rechazo y la asimilaci\u00f3n de esta fuente de autoridad\u00bb. Pero debemos decir que el Lacan es para Butler un cierto \u00abLacan estructuralista\u00bb, tan frecuentemente devorado por los saberes universitarios. Para esa lectura estructuralista, el<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">simb\u00f3lico lacaniano no est\u00e1 agujereado, ni separado de lo social y, por tanto, deja al parentesco en lo invariable y lo inviable. De ah\u00ed que, para Butler, la autonom\u00eda de Ant\u00edgona est\u00e1 en vencer la masculinidad idealiz\u00e1ndola y apropi\u00e1ndose de ella: engulle a Creonte, se masculiniza y, luego, lo desaf\u00eda arrastr\u00e1ndolo tambi\u00e9n a la tragedia. En su opini\u00f3n, separar lo social de lo simb\u00f3lico del parentesco, como invariable, dejar\u00eda a Ant\u00edgona en lo intratable. Pero, a pesar de que concordamos con Butler en la necesidad de sacar el parentesco de la pureza consangu\u00ednea, pensamos que su concepci\u00f3n de duelo queda reducida a&nbsp;un p\u00fablico que no es un p\u00fablico particular, para cada duelo, sino que lo remite de nuevo a la generalidad del binomio privado\/ p\u00fablico, dej\u00e1ndolo de nuevo en la idealidad de un duelo \u00fanico para todos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">LO INNOMBRABLE<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">DE UN DUELO<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por fortuna, en 2001, encontramos a Butler en otro lugar: con su libro Giving an Account of Oneself, traducido al espa\u00f1ol, en 2009, como Dar cuenta de s\u00ed mismo. Violencia \u00e9tica y responsabilidad. En este texto, toma otra posici\u00f3n hacia el psicoan\u00e1lisis, en la violencia de cada escena de interpelaci\u00f3n. Avanza un paso al colocar esta escena, ya no en lo desde lo dual de m\u00ed para ti, sino en la relaci\u00f3n con el lenguaje: aquel a quien destino mi acto de narrarme. La transferencia anal\u00edtica no puede ser dejada, entonces, en la escena imaginaria de un di\u00e1logo intersubjetiva, donde informo sobre mi vida. Esto es algo que escuchamos frecuentemente en las demandas de an\u00e1lisis:&nbsp;&nbsp;\u00bfPor d\u00f3nde empiezo? \u00a1Tengo que contar\/e mi vida! Y cuando se viene de otra experiencia de an\u00e1lisis: ;Me daba mucha pereza tener que volver\/e a contar toda m\u00ed vida a otra persona! \u00a1Ah, aqu\u00e9l fulano ya sab\u00eda toda mi vida! La necesidad de narrar esa vida est\u00e1 ah\u00ed presente, como una forma de contenido o de informaci\u00f3n hist\u00f3rica de su relato. Pero lo que est\u00e1 ausente es que esa escena no es dos, sino que la transferencia articula una posibilidad in\u00e9dita de recibir mi mensaje que tambi\u00e9n proviene de m\u00ed mismo, donde soy un nuevo destinatario. Por ello, volvemos este corte significante, al ser que remite una vida: la vivida y la vida que me cuento o recuento y afirmamos que esta posibilidad ya est\u00e1 en el comentario lacaniano, pues nadie retorna a ese ser tomado en el lenguaje, en la pureza de ese sujeto tr\u00e1gico que, en la experiencia anal\u00edtica no est\u00e1 destinado de antemano, pues Lacan hace de Ant\u00edgona no una mujer&nbsp;rebelde sino una zona de pasaje, Ant\u00edgona es un l\u00edmite. Pero, para ella no es posible saber ese sin ese franqueamiento del l\u00edmite y lo que viene despu\u00e9s, cuando \u00abadquiere forma aquello donde ella ya dijo que estaba\u00bb, tachada del mundo de los vivos y la coloca en ese \u00abm\u00e1s all\u00e1\u00bb. Lo que ha vivido no es lo que recibe, pues tambi\u00e9n el relato de lo vivido, lo que tambi\u00e9n construye los hechos y su relaci\u00f3n con ellos. En este punto, Lacan interviene de nuevo en la pieza con una iluminaci\u00f3n violenta, la luminosidad de la belleza, que nos deslumbra. \u00abEl efecto de la belleza es un enceguecimiento\u00bb De ah\u00ed, en adelante, la palabra de Ant\u00edgona es un largo lamento tras de s\u00ed, como un ruido inaudible. Ahora bien, regresemos al tema: \u00bfC\u00f3mo recibir ese contenido narrado de una vida en la escena anal\u00edtica? Para Butler<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(2009), todo acto de habla ejerce una acci\u00f3n sobre s\u00ed mismo y a la vez, trata de modificar la comunicaci\u00f3n y la relacionalidad en la estructura del modo de interpelaci\u00f3n. Concordamos con Butler en que, en la escena anal\u00edtica, el relato no es un medio de informaci\u00f3n, sino que act\u00faa y realiza (acto de habla) a un yo (ahora sin comillas) narrado y postulado para rearticularse en y a partir de su propia historia. \u00a1Y este \u201ct\u00fa\u201d no es el analista (otro) sino que est\u00e1 tomado por una funci\u00f3n transferencia! en la escucha, un destinatario del discurso, pero donde hay una opacidad del discurso mismo, \u00abincapaz de iluminar, por completo\u00bb ese punto donde se rearticula el deseo. La relacionalidad anal\u00edtica no es un Yo te cuento a ti para que t\u00fa me digas, un malentendido frecuente, sino que mi narrar act\u00faa sobre ese yo (ego e \/ch), aunque no tenga claro mi actuar sobre ti La escena anal\u00edtica no se propone como una meta previa a este rehacer la historia, ni la reconstrucci\u00f3n de la vida, aunque muchas veces \u00e9ste sea uno de sus efectos. Por ello, dir\u00e1 Lacan en su comentario de Ant\u00edgona, que el inconsciente parte de esa memoria de lo que olvida. Butler, afirma que el otro y yo nunca podremos coincidir enteramente, en ese lugar de a quien se narra y el yo narrador de una vida. Ah\u00ed, siempre estar\u00e1 presente la tensi\u00f3n entre la continuidad y la interrupci\u00f3n, agregamos la repetici\u00f3n y la diferencia de lo mismo. Decir y volver a decir sesi\u00f3n tras sesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La reconexi\u00f3n y la disociaci\u00f3n \u00a1otra vez! donde lo mismo se torna al fin en otra cosa_ Toda vida requiere de una estructura narrativa; pero no toda vida \u00abtiene que traducirse en una narraci\u00f3n\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algunas vidas se sienten llamadas a dar cuenta de s\u00ed mismas mediante la narraci\u00f3n de este s\u00ed mismo y su publicaci\u00f3n, sin que eso baste para efectuar el duelo. Habr\u00e1 que leerlas caso por caso. De lo anterior surge el concepto butleriano de miidad [minenessd] e la vida: su forma narrativa es desde un yo que se narra desde normas reconocidas y desde una externalidad de la que puede extraviarse en su modos discursivos impersonales donde est\u00e1 tomado en su origen y fantas\u00eda y, por tanto, su historia es, desde Freud, siempre retroactiva [Nachtraglichkeit]. Una mirada del pasado transportado al presente. Volvamos a este esenciaIismo que Butler le atribu\u00eda a Lacan respecto a lo que para ella era ese hermano de sangre y lo que con su muerte hab\u00eda perdido Ant\u00edgona, para concluir, posteriormente, con los problemas de la publicaci\u00f3n y del p\u00fablico supuesto del duelo de Ant\u00edgona.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">ANT\u00cdGONA<\/h2>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u00bfINTRATABLE O INNOMBRABLE?<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este pasaje de Ant\u00edgona de intratable a innombrable, partiremos desde el momento en que Ant\u00edgona se incrimina hasta que es condenada a ese exilio de los vivos, un tiempo en que solamente tiene un chance de volver a declarar sobre s\u00ed misma en un largo lamento donde dice que su vida ya no es viable. \u00bfQu\u00e9 perdi\u00f3 Ant\u00edgona? \u00bfUn hermano, un cad\u00e1ver? Volvamos al Estudio C de Er\u00f3tica duelo en tiempos de la muerte seca, para esclarecer la manera en que ese duelo est\u00e1 ligado a un real que no puede entrar en el discurso, pues m\u00e1s que un hermano sustituible o no, ese objeto de luto, al que se refiere este pasaje escandaloso de su declaraci\u00f3n, que tanto ha llamado la atenci\u00f3n de los estudiosos del tema en los versos 909-912 28, no es meramente un hermano sino algo que nombra su ser en rela&nbsp;ci\u00f3n con ella misma. Sin embargo, Butler en \u00abEl grito de Ant\u00edgona\u00bb lee en Lacan esta relaci\u00f3n del ser humano con el significante y la manera c\u00f3mo el significante pueda poner en cuestionamiento la vida de Ant\u00edgona y la relaci\u00f3n con su hermano, no como ese campo de no-saber que delimita el inconsciente. En el atravesamiento de esa raya o frontera delimitada por Lacan, apunta hacia el goce de Ant\u00edgona, concepto freudiano que roza la pulsi\u00f3n de muerte. All\u00ed, para Lacan, la elecci\u00f3n de Ant\u00edgona es absoluta, en la pureza del ser. Ese lugar donde est\u00e1 Ant\u00edgona es el campo del Otro, la \u00c1te depende del Otro, un orden que no ingresa a la cadena significante: \u00ab\u00e9l es lo que es\u00bb no se refiere a una esencia del \u00abser en s\u00ed\u00bb, como lo piensa Butler, sino que, comenta Lacan, esa pureza de \u00ablo que es\u00bb es lo que la impulsa sin poder nombrarlo hacia esa orilla: \u00abMi hermano es lo que es y porque es lo que es avanzo hacia ese y s\u00f3lo \u00e9l puede serlo avanzo hacia ese l\u00edmite fatal\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es f\u00e1cil establecer este car\u00e1cter del hermano como UNO; es lo que es, que se formula desde el lenguaje, en donde se inscribe tambi\u00e9n su identidad como un derecho, y, por lo tanto, su car\u00e1cter imborrable. Esta es la paradoja donde vacila el pensamiento de Goethe, dir\u00e1 el comentario de Lacan. No se trata de cualquier relaci\u00f3n humana sino de que su hermano est\u00e1 \u00e1thaptos [insepulto, no enterrado], que, seg\u00fan Lacan, alude a la etimolog\u00eda de adelph\u00f3s [que significa ca-uterino, de ah\u00ed hermano], ligado al parentesco, pero recordamos que tambi\u00e9n al nombre de Ant\u00edgona como forma de g\u00e9nos que es generaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero en su variante gan\u00e9, puede entenderse como la que da a luz, es decir, la madre. Ant\u00edgona, no exige otro derecho que el car\u00e1cter imborrable de \/o que es, es decir, lo que nace como imborrable, a partir del \u00ab[ &#8230; ] momento en que el significante que surge lo detiene como algo fijo a trav\u00e9s de todo el flujo de las transformaciones posibles. Lo que es y es a esta superficie, a lo que se fija la posici\u00f3n imposible de quebrar, infranqueable de Ant\u00edgona\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ant\u00edgona no puede enunciar lo que perdi\u00f3 con su hermano, solamente puede fijar su posici\u00f3n en un inquebrantable, mi hermano es lo que es.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el comentario de Lacan, este l\u00edmite hacia donde es empujada Ant\u00edgona por otra ley sorda es la frontera entre lo visible e invisible. All\u00ed ocurre ese anonadamiento ext\u00e1tico de Ant\u00edgona, y por lo que no puede volver sobre s\u00ed misma. Su dolor divinizado la extrav\u00eda sin retorno. El lenguaje tr\u00e1gico la sit\u00faa en la ambig\u00fcedad y la contradicci\u00f3n binaria. Quiz\u00e1, como dice Joan Copjec, \u00e9sta es la actualidad de este anacronismo moderno, es decir, en los l\u00edmites y alcances de una enunciaci\u00f3n que resuelva la interpelaci\u00f3n de la ley, desde una enunciaci\u00f3n singular no sometida, como el sujeto tr\u00e1gico, por el fatum ineludible que recae sobre su vida. Sin embargo, seg\u00fan Jean-Pierre Vernant, no hay formas de alteridad sin esa referencia a lo que se le atribuye al Otro absoluto, a eso horrorosamente Otro que es la \u00abmuerte en el ojo\u00bb -aquello que sustrae al hombre de \u00abs\u00ed mismo\u00bb- y de su propia existencia. Ese olvido no es una fuga de la memoria, sino \u00abolvido de s\u00ed\u00bb, de \u00ablo real mismo de cada uno\u00bb. En este punto los espectros se multiplican. Fuera del lenguaje ni siquiera podr\u00eda ser concebido, y el ser de aquel que ha vivido no podr\u00eda ser desprendido de todo lo que transmiti\u00f3 como bien o mal, como destino, como consecuencias para los otros y como sentimientos por \u00e9l mismo. Por fortuna, cinco a\u00f1os despu\u00e9s de su comentario de An-&nbsp;partir del \u00ab[ &#8230; ] momento en que el significante que surge lo detiene como algo fijo a trav\u00e9s de todo el flujo de las transformaciones posibles. Lo que es y es a esta superficie, a lo que se fija la posici\u00f3n imposible de quebrar, infranqueable de Ant\u00edgona\u00bb 31. Ant\u00edgona no puede enunciar lo que perdi\u00f3 con su hermano, solamente puede fijar su posici\u00f3n en un inquebrantable, mi hermano es lo que es. En el comentario de Lacan, este l\u00edmite hacia donde es empujada Ant\u00edgona por otra ley sorda es la frontera entre lo visible e invisible. All\u00ed ocurre ese anonadamiento ext\u00e1tico de Ant\u00edgona, y por lo que no puede volver sobre s\u00ed misma. Su dolor divinizado la extrav\u00eda sin retorno. El lenguaje tr\u00e1gico la sit\u00faa en la ambig\u00fcedad y la contradicci\u00f3n binaria. Quiz\u00e1, como dice Joan Copjec, \u00e9sta es la actualidad de este anacronismo moderno, es decir, en los l\u00edmites y ese l\u00edmite donde ella est\u00e1 \u00abm\u00e1s all\u00e1\u00bb, es el franqueamiento de esa violenta belleza donde su propia palabra no pudo tachar el exceso del que nos advierte la tragedia y que lleva a Lacan a se\u00f1alar: \u00abNosotros los cristianos hemos barrido ese campo de los dioses y aquello de lo que aqu\u00ed se trata es precisamente, a la luz del psicoan\u00e1lisis, de qu\u00e9 colocamos en su lugar\u00bb. Nos preguntamos \u00bfNo habremos puesto all\u00ed esta violencia \u00e9tica de confesar lo indecible? Ant\u00edgona no ama a su hermano por su contenido, sino como un ser insondable; su lamento inaudible nos hace escuchar la imposibilidad de ese l\u00edmite de la segunda muerte, donde podr\u00eda gritar ese algo que ha perdido con la muerte de su hermano y que tendr\u00eda derecho a ser inscrito p\u00fablicamente, como su duelo. Nuestra propuesta es que la inscripci\u00f3n p\u00fablica del duelo es un punto que acerca a Butler con Lacan, en la posibilidad de una inscripci\u00f3n en la cultura, no solamente en las leyes de la ciudad: muros, listas, etc., sino, que diremos con J. Allouch, esa inscripci\u00f3n abre la posibilidad de un acto que efect\u00fae un acto de duelo y el duelo como acto. All\u00ed la escritura de Aj\u00f3, de K. O\u00e9, se revela como una escritura de duelo, no porque se lo haya propuesto con anterioridad, sino porque la escritura misma de su novela realiza ese duelo. Allouch se\u00f1ala que \u00abFreud fomenta un duelo sin ninguna referencia a quien podr\u00eda intervenir como tercero entre el muerto y quien est\u00e1 de duelo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre la declaraci\u00f3n de Ant\u00edgona y su queja, se juega esta tercera persona [dritte person] que hace necesario estudiar la funci\u00f3n del p\u00fablico del duelo y la prohibici\u00f3n o conminaci\u00f3n de su manifestaci\u00f3n p\u00fablica. Una llamada al silencio, la pastilla, desde donde la medicina y la psicopatologizaci\u00f3n del duelo se han hecho eco r\u00e1pidamente, como Creontes guardianes del Bien Soberano, de ese \u00abtodos\u00bb donde no cabe la singularidad de Ant\u00edgona y la ley pudo ceder un espacio, para su enunciaci\u00f3n subjetiva sobre lo que perdi\u00f3 Ant\u00edgona, innombrable para ella misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">J. Allouch declara que el p\u00fablico del duelo es un impasse freudiano que lo hace desembocar en el romanticismo. En este punto, J. Butler no duda en llamar la confesi\u00f3n de Ant\u00edgona \u00abun futuro escandaloso\u00bb, donde la hija quedar\u00e1 en la ontolog\u00eda de lo innombrable de su propia genealog\u00eda. Esta contrafigura se queda en la ambig\u00fcedad tr\u00e1gica de la inscripci\u00f3n de la vida en el significante, donde el sentido tr\u00e1gico es una responsabilidad total del acto y una plena autonom\u00eda de su agente, que nunca podr\u00eda bastarse a s\u00ed mismo. La potencia del sentido \u00fanico permanece en un orden cultural que fatalmente se le escapa y, por ende, le sobreviene la imposibilidad de sobrepasar este&nbsp;plano fatal de la ambig\u00fcedad:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>&nbsp;[ &#8230; ]tomarla iniciativa, cargar con la<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Responsabilidad, pero cuyo verdadero<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>sentido se sit\u00faa m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9l y se<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>le escapa, de suerte que no es tanto<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>e\/ agente que explica el acto sino m\u00e1s<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>bien el acto el que manifestando posteriormente<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>su significaci\u00f3n aut\u00e9ntica,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>vuelve sobre el agente, descubre<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>lo que \u00e9ste es y lo que realmente ha<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>realizados sin saberlo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con Pierre Vidal-Naquet y Jean Pierre Vernant, distinguimos entre agente y acto, en la funci\u00f3n psicol\u00f3gica de la voluntad (la experiencia interior) y el sujeto responsable de la conciencia social del derecho. La autonom\u00eda de Ant\u00edgona no es \u00absu propia voluntad\u00bb. La tragedia presenta precisamente a un sujeto desgarrado, dividido y contra s\u00ed mismo en un desgarramiento donde el h\u00e9roe es \u00abobligado a hacer una decisi\u00f3n decisiva, a orientar su acci\u00f3n en un universo de valores, donde nada es jam\u00e1s estable ni \u00fanico\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En las potencias del sentido, la certeza aleja al sujeto tr\u00e1gico del \u00abno saber\u00bb constitutivo tambi\u00e9n del agenciamiento de su propio acto: el sujeto recibe su efectuaci\u00f3n m\u00e1s que el \u00abdominio de s\u00ed\u00bb y sus posibilidades enunciativas. En esta zona de radicalidad, entre campos sem\u00e1nticos bloqueados, en este l\u00edmite de la-segunda muerte, a partir de la nada, del ex nihilo, entre los juegos del dolor y la belleza, Ant\u00edgona es una v\u00edctima demasiado expuesta, sin que se pueda leer tras ella lo que a ella le amenaza. En su vida inviable, su enigma es la crudeza de lo inflexible, como velo de su desgracia (\u00e1te). El calvario de Ant\u00edgona, entre-dos-muertes, no sacrifica un objeto de duelo, sino su ser mismo y su autorizaci\u00f3n deviene en des(autor)\u00edzaci\u00f3dne la autoridad, que se revierte fatalmente, en tanto la lengua tr\u00e1gica excluye este desdoblamiento entre agente y acto: su reinvenci\u00f3n. Su acci\u00f3n retorna como una realizaci\u00f3n performativa, una maldici\u00f3n, ya no en la pureza de la negaci\u00f3n, del yo o de su \u00abpersona\u00bb, sino m\u00e1s bien all\u00ed donde el pasaje del parentesco resta como intratable, dir\u00e1 Butler. Agregamos nosotros donde su duelo resta como innombrable. En efecto,\u00ab[ &#8230; ] lo que ella [Ant\u00edgona) rechaza es la posibilidad ling\u00fc\u00edstica de separarse del hecho, afirmando ambiguamente sin delatarse, sin decir, simplemente \u00abyo lo hice\u00bb\u00bb. Ant\u00edgona declara; pero no puede hablar sobre su vida como pasada. \u00bfQu\u00e9 l\u00edmite queda? De ah\u00ed emerge la hero\u00edna como un ser inhumano, con su inflexible crudeza, que atraviesa ese l\u00edmite atroz de la \u00e1te (que tambi\u00e9n puede traducirse como la locura). Lacan vuelve a recordar al analista que el an\u00e1lisis requiere de un proceso inverso, \u00abse ocupa de la manera c\u00f3mo se ha construido esa imagen, para produce ese efecto\u00bb. El significante es colocado all\u00ed en la falla de la union entre naturaleza y cultura, fijado all\u00ed en ese punto donde la humanidad no llega a desembarazarse de la muerte; pero que siempre encontrar\u00e1 trucos formidables fabricados por ella misma. Hay un saber de esas vidas, el nuevo escenario de la tragedia del siglo XX, que desea describirlas, explicarlas, conocerlas y amurallarlas: la tumba [mnemeion] posibilita la memoria del muerto y, por tanto, posibilita una forma de olvido [in memoriam]. Pero si por el contrario, Polinices queda sin tumba, insepulto, es su memoria misma la que queda truncada. Ah\u00ed, las vidas se debaten en el horror de nombrar este otro olvido ante quien las conmina para revelar el nombre de lo que han perdido con sus muertos o desaparecidos. Ante esa interpelaci\u00f3n del \u00bfQui\u00e9n eres?, como dice G. Steiner el fatum de la tragedia es un poder superlativo e inaccesible, impronunciable, donde las fuerzas naturales ejercen su poder hasta en los dioses. En ese punto donde Creonte ret\u00f3 a los dioses para que salven a Ant\u00edgona, en ese grito donde la muerte toca al viviente, no hubo un relato de Ant\u00edgona que pudiera dar cuenta de s\u00ed misma en relaci\u00f3n a esa p\u00e9rdida que no pudo nombrar. Su tumba est\u00e1 hecha de silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero parafraseando a Lacan, cada noche en el teatro, el espectador puede excitar ese tercer ojo \u00abel p\u00fablico\u00bb, que toda agencia ling\u00fc\u00edstica, lamento o confesi\u00f3n, busca con su interpelaci\u00f3n desesperada. All\u00ed diversas Ant\u00edgonas tomar\u00e1n ese lenguaje que ella no eligi\u00f3 por s\u00ed misma, para dar cuenta de s\u00ed y la ver\u00e1n transitar en esa suspensi\u00f3n de su imposibilidad, en este l\u00edmite entre su exilio y su propia condena.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esa zona o frontera, donde Lacan en su seminario sit\u00faa a Ant\u00edgona, Butler la llama uno de \u00ablos puntos ciegos\u00bb del comentario lacaniano y, por ello, la hace una contrafigura desestabilizadora del g\u00e9nero [undoing gender] convocada por una escena de interpelaci\u00f3n confesional, en la que ella debe dar cuenta de s\u00ed misma y en la que posteriormente, esta misma autora deslindar\u00e1 al psicoan\u00e1lisis de este mandato social de la confesi\u00f3n y del secreto. <\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":353,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[52,53],"tags":[],"class_list":["post-428","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-antigona","category-lacan"],"featured_media_urls":{"thumbnail":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1-150x150.jpg",150,150,true],"medium":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1-200x300.jpg",200,300,true],"medium_large":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg",522,782,false],"large":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg",522,782,false],"1536x1536":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg",522,782,false],"2048x2048":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg",522,782,false],"issuem-cover-image":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1-200x268.jpg",200,268,true],"issuem-featured-rotator-image":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1-522x338.jpg",522,338,true],"issuem-featured-thumb-image":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1-160x120.jpg",160,120,true],"inspiro-featured-image":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg",522,782,false],"inspiro-loop":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1-522x320.jpg",522,320,true],"inspiro-loop@2x":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1-522x640.jpg",522,640,true],"portfolio_item-thumbnail":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1-522x400.jpg",522,400,true],"portfolio_item-thumbnail@2x":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg",522,782,false],"portfolio_item-masonry":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg",522,782,false],"portfolio_item-masonry@2x":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg",522,782,false],"portfolio_item-thumbnail_cinema":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1-522x335.jpg",522,335,true],"portfolio_item-thumbnail_portrait":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg",522,782,false],"portfolio_item-thumbnail_portrait@2x":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg",522,782,false],"portfolio_item-thumbnail_square":["https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/Antigona-Intratable-o-innombrable-Claroscuro-2-1.jpg",522,782,false]},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/428","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=428"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/428\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6744,"href":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/428\/revisions\/6744"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/353"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=428"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=428"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ginettebarrantes.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=428"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}